Al presidente de Ecuador, Rafael Correa, no le gustan para nada los Tratados de Libre Comercio que son parte constitutiva del entramado normativo del comercio internacional contemporáneo. Por ello, seguirá hasta el final de sus días diciendo que el acuerdo al cual llegó en la semana pasada Ecuador con la Unión Europea no es un TLC

Y no le falta razón al presidente ecuatoriano pues el termino TLC se suele utilizar para designar lo que en el campo de las negociaciones internacionales se conocen como acuerdos de última generación, en los cuales no se negocian solo los aranceles y la liberación del comercio, sino también que un conjunto de cuestiones normativas, tales como las patentes las compras gubernamentales, los requisitos técnicos y sanitarios, las salvaguardias, las normas antidumping, etc. Pero llámese como se llame, lo importante es que Ecuador ha llegado a un acuerdo comercial con la Unión Europea, que permitirá que una cantidad importante de bienes agrícolas y no agrícolas procedentes del país latinoamericano entren sin pago de aranceles en ese mercado de 500 millones de habitantes conformado por los 28 países que integran hoy en día la Unión Europea. La contrapartida de esta situación es que los productos europeos que no hayan sido objeto de cláusulas específicas de excepción entrarán sin arancel en el mercado ecuatoriano. 

Habían dos circunstancias que hacían que Ecuador tuviera urgencia en cerrar un tratado de esta naturaleza. Por un lado, el hecho de que en diciembre de este año se terminan las preferencias arancelarias que la Unión Europea ha otorgado en forma unilateral a una cantidad importante de mercancías ecuatorianas. Perder esas preferencias hubiera significado que las mercancías ecuatorianas se hubieran encarecido y hubieran perdido presencia en el mercado europeo. La segunda circunstancia es el hecho de que sus vecinos Colombia y Perú tienen sendos Tratados de Libre Comercio con la Unión Europea, y si Ecuador no hacia algo parecido -con el nombre que fuera- se abría la posibilidad de que muchos productos ecuatorianos perdieran competitividad en Europa ante la ventaja que ya habían pactado sus vecinos. Ya esa situación se hacía particularmente visible en el mercado del banano, producto particularmente sensible para Ecuador, que venía perdiendo mercado en forma sistemática en Europa en los últimos tres años. En 2001 las exportaciones totales de banano por parte de Ecuador fueron de 110 millones de cajas, cantidad que bajó a 85 millones de cajas en 2012, y continuó su baja, aun cuando a un ritmo menor, en el año 2013. 
 
Con el acuerdo alcanzado la Unión Europea se compromete a mantener las preferencias arancelarias actualmente vigentes, hasta que entre en plena vigencia el acuerdo comercial propiamente tal. 
 
Con esta negociación ecuatoriana, que posiblemente entre en vigencia a mediados de 2016, ya toda la costa del Pacífico de la América del Sur tendrá libre comercio con la Unión Europea. Es posible que el Mercosur -aun cuando sin Venezuela en este caso particular, y sin mucho entusiasmo por parte de Argentina - llegue en algún momento cercano a un acuerdo de la misma naturaleza, culminando negociaciones que se extienden durante varios años. 
 

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